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mucho más que un juego

Jugar con los perros… ¡és mucho más que un juego!

El juego dentro de la conducta afiliativa

La conducta afiliativa de los perros es un conjunto de comportamientos sociales que aportan bienestar emocional y sirven para crear, mantener o reforzar vínculos entre individuos (también de diferente especie). Entre estos comportamientos encontramos el juego del perro con su guía.

Para que el juego sea beneficioso para el perro, debe expresar afecto, amistad cooperación, comprensión, comunicación y empatía.

La conducta afiliativa forma parta de las conductas que tienen efectos importantes sobre el estado emocional y el funcionamiento biológico del perro, por tanto, de aquellas que deben expresarse.

Juego cooperativo específico para cada individuo

Cómo, cuándo y dónde… dependerá de cada individuo, ya que debemos tener en cuenta su estado de salud, su percepción del mundo, su instinto, su carácter, sus experiencias pasadas y sus señales y comportamiento antes de empezar a jugar, mientras estamos jugado y una vez se finaliza este juego.

El juego que vamos a practicar con nuestro perro debe ser pensado antes de iniciar y valorado al finalizar, debe ser dinámico según las necesidades de cada perro y debe ir evolucionando según las mismas, a fin de mantener la motivación y el beneficio de la actividad para el perro. Este juego contará con un perro, con su guía y con un juguete (recurso), así como otros elementos necesarios dependiendo de las características de cada perro.

Para ello debemos tener en cuenta qué juego vamos a realizar según las preferencias y sensibilidad de cada perro, el tipo de cooperación, la estructura que va a tener, qué intensidad, duración, qué recursos utilizaremos y qué haremos posteriormente con ellos y cómo lo vamos a finalizar.

Debemos tomar conciencia de las emociones que genera al perro el juego cooperativo y a la vez aprovechar este juego para poder dar herramientas para ayudar a gestionar determinados estados emocionales que servirán para en el futuro poder gestionar en determinadas situaciones que se encuentre.

Una parte fundamental vamos a los/las guías, ser conscientes de cómo estamos emocionalmente cuando vamos a jugar con el perro, ya que existe un contagio emocional y un efecto que vamos a producir en ellos y que puede ser un espejo de cómo está el guía. A veces decidir no jugar con nuestro perro porqué hoy no he tenido un buen día o porqué me siento de tal forma, va a ser la mejor decisión que vamos a tomar para no afectar negativamente a nuestro perro.

Otro aspecto a destacar va a ser “cómo nos estamos presentando al perro”, no es lo mismo un determinado tono de voz para un perro que para otro, como tampoco va a ser lo mismo ver un/a guía estático, dinámico y demasiado dinámico atendiendo al temperamento del perro, tampoco va a ser lo mismo la expresión facial y corporal que podamos hacer… Todo ello va a determinar el interés que el perro tenga hacia el/la guía y en caso que este sea bajo se va a tener que cambiar alguna dinámica…

No debemos obviar antes de empezar a jugar qué emociones siente el perro y como las está gestionado. Por ejemplo, si tiene un alto nivel de excitación, debemos proporcionar herramientas que le ayuden a gestionar el inicio des de un estado de calma, que sepa esperar cuando tiene delante algo que le encanta. El simple hecho de empezar des de la calma y poder acceder así al juguete con el que vamos a jugar ya es un refuerzo positivo lúdico y si esta dinámica la respectamos va a dejar huella en su aprendizaje y memoria.

El durante el desarrollo del juego y cómo lo hacemos como guías también va a ser relevante para determinar si la actividad de juego le aporta bienestar emocional y físico al perro, la libertad de toma de sus decisiones sin influenciar con indicaciones constantes, así como la finalización de este y cómo gestiona el perro la frustración de finalizar, o más bien, qué herramientas le vamos a dar para gestionar de manera correcta esta frustración y trasladar así la gestión de la frustración en otros contextos y ante diferentes estímulos.

 

La ciencia respalda los beneficios del juego

El juego cooperativo bien realizado, nos proporciona entrenar la comunicación (del perro a su guía y del/de la guía), la concentración, la atención y el vínculo afectivo, la gestión de estados emocionales.

El juego ayuda a fomentar la cohesión social dentro del grupo. Jugar juntos es una de las principales maneras de reforzar el vínculo afectivo y que este sea un vínculo seguro que ayude a gestionar determinadas situaciones y estímulos de la vida del perro.

En comparación con sus antepasados ​​lobos (Canis lupus), el perro (Canis familiaris) es una especie que le gusta jugar, ya que los niveles de juego de los perros se mantienen altos a lo largo de su vida (Bekoff., 1972; Lorenz., 1950). Los perros son miembros valorados de los grupos sociales humanos, en parte como resultado de su afán por participar en juegos interespecíficos (Mitchell, Thompson-son,.1993; Rooney et al., 2001) y muchos tutores pasan una cantidad considerable de su tiempo jugando con sus perros (Hart., 1995).

El bienestar Animal es una característica del individuo en un momento dado a lo largo de un período de tiempo y que se puede medir objetivamente, incluye la salud y también las emociones y, por tanto, incluye las necesidades biológicas del animal, es decir, el acceso a los recursos, la posibilidad de realizar conductas importantes y un ambiente variado y la percepción de control sobre el ambiente (Manteca X., 2020).

Tal como ya hemos comentado, la conducta afiliativa es una necesidad de comportamiento. En el caso de los bracos consideramos que la conducta de juego con su guía es una de las conductas más valoradas por estos perros.

Un estudio demuestra cómo el comportamiento más afiliativo del tutor contribuyó a la reducción de las concentraciones de cortisol en los perros adultos, lo que sugiere un efecto calmante de la interacción social. A través del comportamiento investigaron la relación entre el juego y el estrés midiendo las concentraciones de cortisol de la saliva antes y después de la interacción perro-humano jugando. Esto nos demuestran que el juego y la conducta afiliativa disminuyen los niveles de cortisol, y por tanto, estas condiciones tienen un efecto positivo en el aprendizaje, que no se ve frustrado o influenciado por emociones negativas.

Así, jugar regularmente con perros podría contribuir a su bienestar en general y también a reducir el estrés en determinadas situaciones (Zsuzsánna Horváth, et al., 2008) si bien esto va a depender de cómo aplicamos este juego.

Estamos hablando siempre de un juego cooperativo y estructurado, no un simple expendedor de pelotas o juguetes al aire para que el perro reiteradamente vaya a cobrar y devolver, no se trata de esto.

Por último, es importante hacer mención que las emociones modifican la cognición de los perros, por tanto, el umwelt (la percepción que tiene cada perro del mundo) (Jakon Von Uexkül).

 

LOS PERROS VAN A CONOCER EL MUNDO QUE NOSOTROS LES MOSTRAMOS.

Susanna Vilaseca
Instructora K9 y Etóloga canina
svilaseca@elmondelsauc.cat
@el_mon_del_sauc
www.elmondelsauc.cat

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